Pichincha
Provincia ubicada en 2 regiones
diferentes, una parte en la zona de la
Costa , con tierra caliente de gran
fertilidad, especialmente al rededor de
Santo Domingo, reducto de los indios
colorados y otra parte en la Sierra,
llena de volcanes y nevados que rodean
las ciudades como Quito capital de la República,
desde donde se dictan las políticas del
Estado ecuatoriano, ya que allí se
encuentran los tres poderes: el Palacio
de Justicia, el Palacio Lejislativo y el
Palacio de Gobierno con la residencia
presidencial, en medio del gran centro
colonial, uno de los mas antiguos de América,
famoso por sus iglesias, museos y casonas
con variedad de balcones, coronado con la
esbelta Virgen de Quito en el Panecillo
que se la aprecia desde cualquier lugar
de la ciudad.
Gente amable y cordial que ayuda al
visitante a buscar una dirección o a
tomar el trolebus que recorre atravez de
la ciudad.
Provincia llena de fértiles y hermosos
valles de clima primaveral, en donde se
encuentran pintorescos poblados que
manchan de blanco el fondo verde que
entapeta toda la región.
QUITO: Ciudad Capital del país, al pie
del volcán Pichincha, conocida por su
monumental centro colonial y su bien
trazada ciudad moderna, llena de
tradiciones y leyendas, abanza al
progreso con ayuda de sus habitantes que
quieren mucho a su ciudad y al visitante.
Las iglesias coloniales mas importantes
son La Compañía, San Francisco, y los
conventos de La Merced, Santo Domingo,
San Agustín, el museo de Arte Colonial,
de cera de Mena Caamaño, la Casa de
Sucre y la de Benalcázar, etc,
complementan la visita a la típica calle
colonial, La Ronda y las vistas panorámicas
de la ciudad desde el Panecillo. Su parte
moderna también tiene su propio sabor y
atractivo, alrededor de la Avenida
Amazonas, que comienza desde la Avenida
Patria, donde se encuentran los museos
del Banco Central, de la Casa de la
Cultura y de la Universidad Católica,
mas al norte se puede visitar el museo de
la Fundación Guayasamín y la Galería
Posada de las Artes de Kingman; visita
obligada para el visitante, es bajar al
santuario colonial de Guápulo, recorrer
los modernos barrios residenciales del
valle de Cumbayá y la típica ciudad de
Sangolquí en el valle de los Chillos.
MITAD DEL MUNDO:A 20 minutos de Quito,
recorriendo la Autopista Manual Córdova,
se llega a la ciudad Mitad del Mundo,
construída al rededor del monumento y
museo Equinoccial que marca en el piso la
línea Ecuatorial que divide a la Tierra
en dos hemisferios, en sus alrededores se
puede ascender en automóvil hasta el
crater del volcán Pululahua y visitar a
pocos kilómetros las ruinas indígenas
del Pucará de Rumicucho.
ARTESANIAS: Figuras de masapán, velas
decorativas, hierro forjado, muebles
tallados, curtiembres de cuero, tejidos
en crín de caballo, instrumentos
musicales, volatería y fuegos pirotécnicos,
bordados, talla de la piedra, de la
madera de balsa.
Información turística
Siempre tuvo esta
parte del territorio sudamericano una
importancia excepcional, por sus mismas
características del núcleo mediterráneo
de la región ecuatorial, andina y volcánica
del antiguo Reino de Quito, punto de
atracción para variadas migraciones y de
convergencia de diversas culturas y, a la
par, centro de irradiación de
influencias civilizadoras y misioneras;
asiento de una de las urbes más antiguas
del continente, siempre aureolada de
capital, cuna de varones y mujeres de
singular valía en la historia, matriz de
una poderosa escuela de arte de
trascendencia universal y, por añadidura,
dueña de uno de los paisajes más
hermosos del planeta, de un horizonte
constelado de nevados perpetuos, de un
cielo esplendoroso, de un clima sin igual,
de los más agradables para vivir; así
como de un suelo feraz que se rinde
generoso ante el esfuerzo humano.
Aunque el nombre del volcán Pichincha es
inmemorial y su origen se pierde en los
tiempos, su utilización para designar a
una provincia del país ecuatorial es
relativamente nueva y arranca de la
Independencia. En realidad, si toda esta
parte de la América del Sur se llamaba
Quito, el nombre de la ciudad servía
también para designar a la comarca
inmediata que rodea a la milenaria
capital. Fue durante la Gran Colombia que
se denominó Pichincha, a la región.
Mucho se podría espigar en la rica
antología de elogios que esta parte del
país ha merecido de propios y extraños
y que sería largo reproducir. Pero, sin
embargo, es interesante citar el
testimonio del doctor James Orton, de la
Universidad de Nueva York, en su obra «Andes
y Amazonas», publicada en el siglo
pasado: « El viajero se en canta al ver
aquellas praderas que se dilatan en la
costa del Ecuador y sobre todo al ver
aquella alfombra de perpetua verdura
donde reposa Quito, alfombra más hermosa
tal vez que la de los ondulantes jardines
de Babilonia. El clima es delicioso en
grado sumo y aún la Italia, con todos
los hechizos de su cielo, queda muy atrás.
Si los antiguos hubieran conocido estos
valles de la cordillera andina, habrían,
sin duda, colocado en ellos los Campos Elíseos
y el risueño asiento de la vida larga,
feliz y bendecida, soñada por Anacreonte.
El clima no es de estío ni de primavera,
ni de otoño constante, sino que cada uno
de los días del año ofrece la peregrina
combinación de las tres estaciones. No
se conocen ni la fiebre amarilla, ni el cólera
morbo ni la tisis, y la temperatura suave
y sana de que se goza en la capital es
admirable. La gran llanura de Quito
constituye, en suma, un paraiso.»
Lagunas
Aun cuando rica en montañas y ríos
caudalosos, la provincia de Pichincha es
pobre en lagunas. Las tiene, varias, pero
son pequeñas, sin especial significación
turística o económica. Comparte con
Imbabura las tres lagunas del Mojanda, ya
mencionadas, de Yanacocha, Huarmicocha y
Caricocha; y con Napo, las de Papallacta
y Volcáncocha, situadas en el páramo de
Guamaní. Las pequeñas lagunas de Sucus,
Olambiro y Taviro se encuentran en el páramo
del Puntas. En las alturas de Oyacachi,
las de Badurrias. El Encantado,
Canoacocha y Chuspicocha. Diez kilómetros
al este de Cayambe, la de San Marcos,
quizá la más conocida. En las faldas
del Antisana está la laguna de Micacocha,
que desagua hacia el oriente, y la de
Muertepungo. Como se ve, la mayor parte
de estas lagunas se encuentran en la
cordillera Oriental (Wolf, Andrade arin,
Terán).
Florencia
en América
Uno de los hombres más estudiosos y
preocupados por la cultura nacional,
Benjamín Carrión, describió así el
gran desarrollo de la pintura y la
escultura de la llamada «Escuela de
Quito», la mejor expresión del arte
colonial.
Carrión anota que flamencos como Fray
Jacobo Ricke e indios como Caspicara y
Pampite realizaron una obra sólo
comparable en América a las de México y
Guatemala, con inspiración del barroco
español, entrelazadas en reminiscencias
góticas y con evidentes influencias árabes.
Según el mismo autor, la famosa
escultura de la Inmaculada, de Legarda,
conocida como «Nuestra Señora de Quito»
es una de las esculturas más gráciles,
alegres y movidas que pueda recordarse:
«una muchacha quiteña parada sobre un
dragón, sorprendida en un paso de baile».
Junto
al tallado preciosista de la piedra de
las fachadas y las maderas de las sillerías
y púlpitos de las iglesias, la pintura
de la Escuela Quiteña, donde la ingenua
perspectiva se combina con insólitos
detalles, alcanzó un nivel que sólo
volvería a recobrarse con los óleos
indigenistas de 1930. Entre los pintores
coloniales se destacan Miguel de Santiago,
Hernando de la Cruz, Nicolás Javier de
Goríbar, Manuel de Samaniego.
Y entre las iglesias, la Compañía: «es
un bordado en piedra en su exterior; en
su interior, un deslumbra miento de oro
sobre tallas preciosas, de finura
insuperable. Sin la grandiosidad de San
Francisco, el templo jesuítico es un
cofre de oro para guardar joyas».
En realidad Quito fue en esa época, tan
oscura en otros aspectos, una colmena de
artesanos en todos los materiales: talla
en piedra y madera, forja del hierro y
cincelado del oro y de la plata, grabado
en cuero y damasquinado en metal.
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